Lara Izagirre, guionista y directora | Un Otoño Sin Berlín

Eskerrik asko!

Hoy empezamos a rodar Un otoño sin Berlín, mi primer largometraje de ficción, el sueño de mi vida. A partir de ahora os contaré en este blog cuáles son las sensaciones de escribir y dirigir mi primera película, y también todas las novedades sobre el rodaje y el equipo.

Y lo primero de lo que hablaría es sin duda de la gratitud que siento. Estoy muy agradecida a la gente que se está montando en este barco que he construido a mi manera. Hay días que entra agua en el barco, pero la tripulación se mantiene firme y todos nos ponemos a achicar para llegar a buen puerto.

Capitaneando el barco tenemos a Gorka, Iñaki y Antonia, son implacables, son duros y son muy buenos, marcando el rumbo sin perder la orientación. De marineros tenemos a los garizaris, estos sí que llevarían el barco aunque sea remando. Si hace falta no duermen ni comen para que el barco no se hunda, se llaman Agare, Jon, Loreto, Garazi, Esther, Leire, Ibai, Brit… Joan, me indica por donde puede entrar el agua en el barco y yo intento siempre arreglarlo. Andrés también me dice donde hay rendijas.

También tenemos unos pasajeros de lujo: Irene y Tamar, que con su generosidad y su trabajo hacen que cada día el barco sea una fiesta sobre la verdad y los sentimientos. No son los únicos, porque a su lado están Ramón, Mariano, Naiara y Lier, que son unos absolutos cracks, llenos de vida.

También hay gente silenciosa y muy trabajadora que se encarga de que el barco se oiga bien, se vea bien, se vista bien, esté bien maquillado, bien iluminado, bien peinado, sea ordenado y que hasta tenga música. Estos personajes imprescindibles son Eva, Gaizka, Marga, Koldo, Iratxe, Ainhoa, Olga, Gorka, Idoia… También está Aitor que se encarga de que nadie se enfade y Koro que se encarga de que Aitor no se enfade. Sin olvidar a los grumetes, que son muchos y que con su ilusión y sus ganas hacen que el barco vaya viento en popa y a toda vela.

Después tenemos a los encargados de mandar mensajes en botellas de cristal para que lleguen lejos y todo el mundo esté informado de que el barco no se ha hundido y sigue para adelante, ahí tenemos a Sonia y Mikel lanzando botellas. Y a Javi, Elsa y su equipo haciendo que los mensajes sean bonitos y verdaderos.

De vez en cuando, se acercan pequeñas y grandes embarcaciones a nuestro lado, llenas de gente  con palabras de apoyo y a veces incluso con comida para los pasajeros. Nos animan a muerte y quieren que lleguemos a la playa que hemos soñado. Esta lista de nombres es tan grande que no entraría ni en un mar de letras. Pero si hubiera una palabra que flotaría en ese mar sería Amorebieta, con la palabra familia y cuadrilla que flotarían al lado. Estas palabras soplan tanto y tan a favor que hay días que la velocidad de la embarcación se multiplica.

Y por último no me puedo olvidar de mis peces voladores y delfines. Beñat, ama, aita y Bertol. Éstos son los más locos, vuelan y nadan alrededor del barco siempre aunque no los vea. No ven las tormentas, ni los tifones o tal vez, los ven y aún así, se meten dentro conmigo, sabiendo que tal vez el barco no salga.

La verdad es que el barco goza de buenísima salud a día de hoy. Vamos felices, convencidos, trabajando mucho y disfrutamos del viento, sabiendo que llegaremos donde queramos, porque esta tripulación se lo merece.

*Nota: Este post fue escrito hace un mes, y ahora hay más personas en el equipo. A esos y esas que no os menciono también `eskerrik asko’ por estar aquí.